Kidloop

Prensa | ClarínARQ

Kidloop

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Proyecto para un jardín de infantes inspirado en el símbolo del infinito: “Hay que aprender con el cuerpo, no solo con la cabeza”

Kidloop fue diseñado por Paolini Arquitectos para Lobos, en la Provincia de Buenos Aires. La propuesta quedó entre las finalistas del prestigioso concurso internacional Kinderspace Buildner. No hay segmentación por edades y las aulas son modulares y flexibles.

22/04/2026 06:00
En un presente definido por las pantallas y el sedentarismo digital, surge la necesidad de una arquitectura que no solo contenga, sino que llame a la acción. Mucho más cuando se trata de ñiños expuestos al celular desde muy pequeños.

Teniendo en cuenta esta realidad, Paolini Arquitectos proyectó un jardín de infantes que busca funcionar como una respuesta espacial que resulte más atractiva que la virtualidad.

“Entendemos que el espacio es también un maestro y como tal debe desafiar la pasividad: en este ecosistema la premisa fundamental es que hay que aprender con todo el cuerpo y no solo con la cabeza”, dicen los autores.

Vista aérea del jardín de infantes Kidloop. Vista aérea del jardín de infantes Kidloop.
El proyecto, que quedó entre los finalistas del concurso Kinderspace – Bluildner 2026, se propone como un manifiesto para la ciudad de Lobos -sede de la empresa Paolini- donde la pedagogía se desprende de la linealidad del aula tradicional para integrarse en la topografía del descubrimiento.

El acceso se articula mediante un hall con rampa e iluminación cenital natural, y un comedor central que unifica la comunidad educativa. El sector administrativo y de salud se centraliza al inicio, dando paso a dos alas.

Rampa de acceso al jardín de infantes Kidloop. Rampa de acceso al jardín de infantes Kidloop.
A partir de allí se organizan aulas modulares y flexibles para diez grupos de diez integrantes, articuladas por recorridos rampantes accesibles y áreas de interacción. Finalmente, el sum corona el proyecto vinculando el interior con el entorno urbano mediante un acceso público independiente.

A través de una composición de curvas, luces filtradas y sombras táctiles, el edificio se convierte en un bucle infinito que dialoga con el horizonte de la provincia de Buenos Aires.

Aulas flexibles en el jardín de infantes Kidloop.Aulas flexibles en el jardín de infantes Kidloop.
Los recorridos no son meras transiciones funcionales, son trayectos de voluntad y conciencia física. “Diseñamos ‘obstáculos positivos’ como rampas, desniveles y laberintos, que exigen un compromiso motor, recordándonos que el conocimiento se fija a través del equilibrio, el esfuerzo y la percepción sensorial del entorno”, explican en la memoria.

Vínculo, infinito y corazón

El diseño se organiza mediante una estructura de tres anillos concéntricos que median entre lo público y lo íntimo. El anillo del vínculo actúa como una membrana porosa hacia la sociedad de Lobos, un generador de valores donde la arquitectura se abre al parque y a la comunidad.

El anillo del infinito representa el refugio del saber, un espacio de introspección resguardado bajo cubiertas de alturas variables que disuelven el límite entre la envolvente y el paisaje.

Finalmente, el anillo del corazón se manifiesta en los patios centrales; es el núcleo vital donde la rampa y la transparencia materializan el traspaso de la experiencia, obligando al niño a habitar el espacio con todos sus sentidos activos.

Rampas en el jardín de infantes Kidloop. Rampas en el jardín de infantes Kidloop.
En Kidloop no hay segmentación por edades apostando al aprendizaje colaborativo: todos aprenden de todos. “No busca niños cómodos, busca niños con confianza, resilientes y conectados”, prosiguen los proyectistas.

El jardín de infantes diseñado es, ante todo, “una arquitectura consciente que respira”, definen los arquitectos. “Elevamos el suelo natural hacia las cubiertas para restituir la huella verde a la ciudad, creando un ecosistema que funciona como un pulmón térmico y un aula a cielo abierto”, apuntan.

En lugar de pasillos estáticos, se proyectaron áreas de expansión donde el mobiliario a escala y los módulos tecnológicos conviven con el aroma de la tierra y la luz cenital.

El aprendizaje comienza antes de entrar al aula: con las manos en la huerta y los pies sobre la rampa; el ciclo del alimento, desde el compostaje hasta la cocina a la vista, se vivencia como un proceso físico de circularidad, transformando conceptos abstractos en realidades tangibles.

Aula cocina en el jardín de infantes Kidloop. Aula cocina en el jardín de infantes Kidloop.
La materialidad de la obra refuerza este compromiso con lo real. Los parasoles de PET reciclado, producidos en alianza con la fundación local AFYN (Asociación Apoyo a la Familia y al Niño de Lobos), no solo resuelven el control climático, sino que transforman la fachada en un lienzo de construcción colectiva.

Al utilizar maderas certificadas y materiales de baja huella de carbono, el edificio enseña ética a través de su propia tectónica.

Los deseos de niños y docentes

El proyecto se origina en la escucha activa. Los arquitectos realizaron entrevistas a docentes y niños para tomar los pilares básicos del diseño. Los maestros afirmaron que “cuando los niños se sienten cómodos en lo que tocan, escuchan y ven, su cuerpo se calma y son más receptivos”.

Por su parte, los chicos pidieron aventura y refugio: desde un “piso como montaña para explorar” hasta “lugares secretos para relajarme, apoyada en un árbol”. “Así, materializamos el deseo de recuperar el jugar por jugar, creando un espacio que protege la magia de la infancia”, explican los proyectistas.

Plantas nativas en el jardín de infantes Kidloop. Plantas nativas en el jardín de infantes Kidloop.
Lobos fue seleccionada por su condición estratégica y se eligió un terreno vacante en esta ciudad, que hoy transita la transformación de un gran pueblo hacia un nuevo polo urbano.

“Elegimos este sitio por ser uno de los pocos en la provincia de Buenos Aires donde el asfalto aún no le ganó a la tierra. Esta característica es el pilar de nuestra propuesta: buscamos una arquitectura que dialogue con el paisaje y reduzca su huella de carbono”, concluyen los autores.

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